Qué
duro resultó el camino de la sabiduría para tener las
palabras que abren todas las puertas. Bajo la mirada severa de Pasificandhas
Serenashi, Gloria tuvo que recoger durante un año todos los desperdicios
de mascota que encontrara en la calle, eso para aprender humildad. Otro
año tuvo que ayudar a los ancianos y a las ancianas para aprender
respeto. El tercer año lo ocupó en colaborar con sus vecinos
para aprender consideración.
Te preguntarás:
¿Cómo es que durante esos tres años no hizo ninguno
de sus descomunales berrinches, no picó ningún ojo, no
dio golpe alguno o respondió con grosería? Muy sencillo:
el gurú le dijo desde el principio que no toleraría ninguno
de sus exabruptos o nunca más podría conocer las palabras
que abren todas las puertas.
Pasados los tres
años, el oriental personaje le dijo:
-Gloria, estás lista para conocer las mágicas palabras.
Ansiosa la muchacha
le preguntó una y otra vez.
-¿Cuáles
son las mágicas palabras, respetado maestro?
Acercando
su rostro a la oreja de la muchacha, estuvo a punto de decirlas; pero
como hacía tiempo que no había hecho una broma, no lo
pudo resistir, de manera que le dijo:
-Las
dos palabras que abren todas las puertas son: EMPUJE y JALE.
La
furia que Gloria había contenido por tres años, y que
era como el agua que llena una presa, terminó por desbordarse.
Pobre gurú: le quedó un ojo morado, perdió la mitad
de los cabellos, su túnica quedó cual falda hawaiana y
de las barbas ni la sombra. Apenas conservó el aliento suficiente
como decir... "espera mujer, espera, sólo se trataba de
una broma. Ahora te digo las palabras."
Con
un esfuerzo del que Gloria no se creía capaz, contuvo su impulso
destructivo. Respiró profundamente una, dos, tres, cuatro veces.
El corazón regresó a su ritmo normal al igual que su respiración.
Y le dijo al gurú: "disculpe, maestro". Por primera
vez en la vida había ofrecido una disculpa, ni siquiera ella
lo podía creer. Así pues, Pasificandhas Serenashi tuvo
la certeza de que estaba lista.
-La
palabras mágicas que abren todas las puertas son: GRACIAS y POR
FAVOR.
A
punto estuvo de volver a los golpes, pero en lugar de ello reflexionó.
Varios días lo pensó hasta que decidió emplearlas.
Señor, ¿me permitiría pasar por favor? Oh sorpresa:
la persona se hizo a un lado para que pasara y sin necesidad de ayudarse
con una patadita. Tan sólo por probar dijo: "gracias".
Increíble,
hasta le había regalado una sonrisa.
Ensayando
y comprobando en una y otra ocasión, se convenció de que
prácticamente eran palabras infalibles que abrían puertas
y corazones: GRACIAS y POR FAVOR.